lunes, 12 de noviembre de 2012

Las negritudes...


                 LAS  NEGRITUDES  COMO  MOVIMIENTO CULTURAL  Y  POLÍTICO

Por: Alexis Zapata Meza

¿Quién fue que inventó este cuento de las negritudes? ¿Fueron enormes intelectuales? Si y no. Fueron unos estudiantes de la Escuela Superior de Paris en la década de los treinta. Aimé Césaire junto con Leopoldo Shengor y León Damas fundaron un periódico “El estudiante Negro”, y de las deliberaciones que hicieron, Aimé generó el concepto de Negritud. Estupenda abstracción porque recogió en un solo término la actitud  contestaría de sus inquietudes. Les sirvió para reivindicar la denominación de Negro sin necesidad de sentir vergüenza, la despojaron de la maldad discriminadora con se pronunciaba. Les sirvió para atajar la aculturación a la que estaban sometidos como culturas marginales. Fue limón o ajo, que como remedio sirve para todo. Amanecían al menos con la esperanza de que  un día el alba surgiera limpia y dejaría ver el camino. Era un concepto para la confrontación ideológica, muy superior al de afrodescendiente, eminentemente descriptivo, que esconde las incidencias de la realidad.

Negritud se refiere a la identidad del hombre negro, que abarca el todo del pasado que le toco trajinar y padecer, por eso se articula también a la dignidad del hombre negro. Hoy sabemos que los africanos que no tuvieron en el pasado ascendencia no esclavizada no  se sienten hermanos de quienes si tuvimos ancestros esclavizados. Descendientes más no hermanados. Lo que rescatamos del África fue el espíritu del hombre africano, su conciencia abierta a la naturaleza, su capacidad intuitiva, su voluntad de vivir. Recreamos su razón intuitiva, no discursiva, porque eso era lo que tenía. No comprendíamos la realidad a través de los conceptos sino de las percepciones, y eso nos llevó a una relación mágica con el mundo y con la vida. Todavía hoy en día pesa sobre nosotros esa manera de ser. No es que tengamos una ontología intuitiva, mágica y sintética sino que las condiciones de segregación y de marginación no es que han mejorado mucho. “Yo que balo mejor que una cloaca”, escribiría Aimé en un leguaje desenfadado, como  para que no quepa la menor duda de la condición en se siente el negro. Es un grito desgarrado, de trágico lirismo, cerca de lo épico. El lenguaje simbólico no le hubiera servido.

Leopoldo Sedar Shengor, intelectual africano le advierte: trataran de negarte, defiéndete. Cuando entró a la Escuela Superior de Paris, le tocó ser su mentor, le dijo, querido hermano Aimé usted no es de color, quienes son de color son los blancos, vea le dice, cuando usted nació, era negro, cuando usted creció, era negro, cuando le da el sol, es negro. Cuando está enfermo, es negro. Cuando muera, será negro.

Y mientras tanto, el blanco cuando nace, es rosado. Cuando crece, es blanco. Cuando le da el sol, es rojo. Cuando siente frio, es azul. Cuando siente miedo, es verde. Cuando está enfermo, es amarillo. Cuando muere, es gris.Entonces. ¿Quien es el hombre de color?

Le enseñó las Leyes de la Cultura Negra, le dijo: Cuando la raza negra fue víctima del descubrimiento arruinó el impulso hacia la civilización de los pueblos africanos. Eso hizo, y creyó que eso estaba bien, pero no lo  estuvo porque montaron el renacimiento apoyándose en los valores estéticos de la cultura griega pero olvidándose de  los morales.  Arruinó por fuera al África, pero por dentro la fortaleció, porque el hombre negro para sobrevivir al horror de la esclavitud tomó la levadura espiritual del vitalismo y sobrevivió. Al África le quitó 200 millones de cuerpos, que exterminó. Lo subyugó, lo ofendió, lo humilló, utilizando la discriminación como instrumento de razón.

La liberación del negro no es solo política sino cultural. Tenemos que reclamar ante todo la dignidad. Más de un motivo hay. Cuando Picasso y Modiliane  descubrieron en la estatuaria africana un tratamiento a espacio que nadie había imaginado, descubrieron la expresión poli-espacial del cuerpo. ¿Qué es esto? Se dijeron, y de allí nació la vanguardia en el arte. Lo primero que hizo Picasso fue pintar a las Señoritas de Aviñón. Europa se civilizó por un lado, pero se deshumanizó por otro. Jugó a una moral relativizada. Hoy se ha descubierto la múltiple personalidad, y eso era lo que los africanos representaban es su estatuaria. Incluso, hoy reconocemos el pensamiento complejo. Todos pensamos, todos podemos asombrar al otro, nadie se debe abrogar la jerarquía del mundo. Lo que sucede Aimé es que no todos tenemos las vísceras de Caín por dentro. Cada quien con la química de su hígado, que lo defienda Dios. Los negros percibimos al mundo como sujeto intuitivo, nos defendemos en la emoción. Actuamos por simpatía, nuestro pensamiento es sensual. No utilizamos la razón discursiva, que toma distancia del otro, sino que utilizamos la razón sintética, que nos acerca pronto al otro. La intuición por eso es rápida. Eso nos lleva fácil a la felicidad, pero también al desastre. Con Europa nos llegó  la ruina. No entendieron el alma blanca que tenemos. Ante el asedio y la alarma endurecimos nuestra ontología que nos llenó el ser de fuerza vital. Nos ablandaron pero también nos endurecieron. Somos hoy más vitalista que nunca, si ese fue el único camino que nos remedió. Nuestra poesía no puede ser simbolista, trabaja el verso crónica, el verso historia, épico.

Aimé dejó a un lado la dialéctica de Hegel y entendió que su poesía estaba signada por la razón sintética. Entendió porque había escrito:

Quisiera ser humilde,  manso
Sin vestigio y sin vértigo
Caer y perderme en una sémola de tierra bien abierta.

¡Claro! Quería el encuentro total. Era el negro simpatía, el participativo, el comprensivo. Es el imaginario del negro libre, el que revive libre en el cimanoraje. No faltó sino invitar a Leopoldo, y a León Dimas y a otros crear un núcleo de cimarrones intelectuales para que esto funcionara, y bien. Había que reivindicar al negro afirmando sus raíces y su historia. Había que fortalecer la cultura negra como un aporte de resistencia y humanización de la humanidad. No todo es materia. El hombre tiene una dimensión espiritual que debe sustentar. Con versos historia Aimé sentenció:

Así como hay hombres hienas,
yo seré hombre hindú, de Calcuta;
Seré hombre de Harlem, sin derecho ni voto;
Seré hombre hambre, de torturas
que se le puede matar a palo
sin rendir cuenta a nadie
¿Es que pueden matar el remordimiento?

Estos cimarrones de la ontología negra publicaron en 1948 una “Antología de la nueva poesía negra”, con prólogo de Jean Paul Sartre, que los catapultó a la fama y le dio consagración al movimiento de la negritud. Leopoldo fue presidente de Senegal, y Aimé alcalde de Fort-de-France, capital de Martinica, donde en 2001 creó el SERMAC (Servicio Municipal de Acción Cultural) con el cual realizaron los múltiples talleres del arte popular de los negros de Martinica: Danza, música, oralidad, pintura.

Haciendo una poesía eminentemente política como la de Bertolt Brecht le esputa al insoportable:

Al morir el alba… ándate, le dice, hocico de policía,
hocico de vaca, ándate, detesto a los lacayos del orden,
a los abejorros de la esperanza.

Formidable eso versos,  Brecht quedaría pasmado. Con Brecht diríamos: Hay hombres que luchan un día, y son buenos; otros que luchan un año, y son mejores; otros que luchan muchos años, y son muy buenos; otros que luchan toda la vida, y son imprescindibles. Los negros que hemos luchado durante siglos para decir, aquí estamos, necesitamos reivindicar nuestro puesto en la historia, no perder la memoria de nuestros caminos de la libertad. Hay que jurar con Aimé no ocultar nada de nuestra historia, convenir en que fuimos muy ramplones, limpiabotas, saca micas, sin envergadura, hechiceros consumados; convenir en que hemos roto record de la  paciencia en soportar el látigo sobre el lomo, que en esa resistencia ha estado el espíritu vitalista del África con sus Shangos y Yemayá, Benkos Bioho y María Varrilla, el Boche y el Porro, el “Niño en Cruz” y la Mata de Ruda.

Leopoldo Sedar Shengor aleccionó a Aimé Césaire, y Aimé a Franz Fanon. Los tres formaron el trípode teórico de este movimiento. Tres luces que brillan en el firmamento de las negritudes. El último, psiquiatra, hace unos estudios muy serios sobre el negro en las condiciones del neocolonialismo. Sería muy bueno que los negros revisaran la naturaleza de esas luces, que brillaron para iluminarles el espíritu. El que tiene capacidad de entrega y no lo hace, es un encubridor de más de un abuso.

1 comentario:

  1. I.letrada - Revista de Capital Cultural
    Afro Bogotá. Homenaje a Manuel Zapata Olivella.
    http://i.letrada.co/n8/

    ResponderEliminar