viernes, 11 de marzo de 2011

María Barilla - Un poema de Alexis Zapata Meza



Es una ceremonia descomunal

que insinúa la eternidad.

No fue serpiente la que nos dio el pasaporte

para descifrar la cerrazón del infierno,

ni fue tigre ni fue caimán, fuiste tú María Barilla

la que se atrevió a enfrentar nuestro silencio.

Cuando en la rueda del fandango sudabas

la sal triste de nuestra sangre no te saciabas,

te devolvías en los poros para volvernos a sudar.

Sudabas y resudabas porque te fastidiaba

nuestro olor a bestia triste.

¡Como salvar tu cuerpo! varita de caña dulce

si tu pollera se abría pidiendo cielos

en medio de las espermas de este infierno.

¡Oh, María Barilla! ¡Oh, María Barilla!

Fue en la hora en que le negaron al Sinú el perdón

que la tierra tuvo que parirte

para que tu cuerpo nos pudiera revivir.

En vano enderezar tu talle si fue por ese quiebre

por donde abrieron la puerta

que nos espantó a la tristeza.

Perico Barilla la trataba como a una menor de edad

a quien con darle un chupetín se contentaba.

Llagaba, se acostaba, respiraba, la usaba

y se dormía. Por la mañana

se alistaba y salía.

Una mañana se alistó y salió para no volver.

María juro que no iba esperar a la muerte

para que la tratara como a cualquier persona.

Juró que ella se ganaría la muerte

con el sudor de su cuerpo en el ritmo.

Podía perder una, pero no dos veces.

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