martes, 16 de octubre de 2012

Su Majestad el Porro


SU MAJESTAD EL PORRO





                                                                      Por: Alexis Zapata Meza

La dificultad de hablar sobre el porro es que tiene tantas puertas que no sé por donde empezar. Es la música que más cercana te lleva a un guapirreo. Es volver a útero a escuchar al universo, su corriente que da vida. Inició con una gaita indígena, tristona, trascendental, que se unió a una tambora levantisca. Incongruencia, relación ilógica que se volvió orgánica por lo necesitaba el negro y el indígena. Por intuición estético fueron cazando los silencios que necesitaron llenar. El  lamento del indígena se volvió nostalgia y aceitó de palpitaciones lentas el eje de la tierra. El tambor trajo la vibración para mover lo que se iba a detener. Más que coherente nuestro porro es significativo. Nuestra comprensión del mundo es contundente. La tristeza del indígena se nos quedó en el porro, y es ahora nuestra metafísica que nos permite elevarnos por encima de las contingencias del mundo. Lo escuchamos y apenas sabemos porque hay en su argumentación  una ceremonia des comunal. Lo escuchamos y su lenguaje ardiente se nos viene encima como una tormenta a hallarnos con los sentimientos en estado puro.
¿Qué es lo que hay de grande en el porro, además de unos cuantos hombres guapirriando su entelequia? Lo que tiene ese porro palitiao que no tiene el tapao es la boza  ¿Qué es eso? La boza es el amarre del porro, su eclosión de volcán, la resurrección de Lázaro. En la Boza el clarinete chilla como rana en tentación. El mito lo dice, cuando Chuana, Chuano y Popuma, vieron bailar a los Mohanes, transformados los machos en sapos y las hembras en rana, hubo ese momento del chillido que  estremeciendo a un cielo se desgajó en lluvia ¿Qué es lo que hay de grande en ese porro, además de unos cuantos músicos viviendo la ficción de sus ensueños? Nada especial, nada menos que está amarrado al fandango y a la corraleja de las fiestas patronales.  Tiene vida institucional. Para más fortaleza fue creado el Festival Nacional del Porro de San Pelayo. Para más fortaleza son los estudiosos que  han dedicado horas de su vida a investigar su misterio. Habrá que nombrar entonces a Alberto Alzate, Valenciano Valencia, Guillermo Valencia Salgado, William Fortichs Díaz y Aquiles Escalante. Lo que le faltaba lo soñó, y se le hizo realidad, y fue salir de la plaza al salón. Después de subir de los pitos y tambores a los instrumentos de metal, volvió a subir al formato instrumental de las orquestas, y se paseó por el mundo.

La  “bozá” es una interrupción rítmica del porro donde el clarinete intensifica el punto a punta de melodía. Deberíamos decir la música se hace mas intensa, pero lo que realmente sucede es que hay un cambio. Deja de entrar el bombo, se suspende, y entra un solo de clarinete. El ritmo cambia sobre la base de una estructura polimétrica. Es como si entrara un loa y tomara posesión de de quienes bailan, que captan el nuevo ritmo con los movimientos de sus cuerpos, originando así mayor intensidad. El aire vibra, la gente parece que estuviera iluminada. Es un momento de plena catarsis. Los griegos tuvieron el teatro, nosotros el fandango del porro palitiao. Sin duda este un elemento de origen africano introducidos por los negros en el porro. Es un punto para liberación del ser. Podríamos decir que esta es su parte más ontológica, su verdadera metafísica, remitiendo nuestra realidad a las sombras africanas. El negro en su condición humana nunca suspendió su imaginario. Somos más negro de lo que imaginamos.

¿Por qué ponernos averiguar lo del origen del porro? Acaso eso nos marca. Creo que si. Las coordenadas históricas marcaron el espíritu. Nuestros abuelos se enfrentaban a un sistema esclavista, que negaba al ser. Nada menos que eso. El capitalismo no ha hecho otra cosa que negarnos. El Porro no ha hecho otra cosa que afirmarnos. Cuando el abuelo negro buscó el ritmo que afirmaba la existencia de sus dioses, estaba buscando la afirmación de su propia existencia. Shangó no estaba afuera, Shangó estaba adentro. La ombligada, o toque de ombligos era el encuentro de la energía universal para despertar al ser. La gaita fue necesaria, avivó el discurso. Nada hay más despierto que esa combinación. Los mismos africanos son y se embelesan con nuestra voz ronca y raizal. Ni ellos mismos la tienen. Delia Zapata Olivella en el África lo constató. De noche, al aire libre tocaba, y los africanos se derretían. No imaginaban que con sus tambores se pudieran expresar con tanta fuerza. Shangó se hacía más evidente.

Shangó sobre todo en la “Bozá”. Más negros de lo que somos para donde. Si el orgullo de San Pelayo es que conservó la “Bozá” en el porro. Ese es su orgullo, que le da una especificidad ante el porro en general. Lo que  sucede es que en ese orgullo sus protagonistas principales han sido invisibilizados. La in tención de la ombligada ha sido borrada, que es lo que le da espesor a su historia, sino queda como un acto anecdótico, apenas curioso. Los pelayeros son más blancos que negro, y eso los lleva a confundir ¡Qué hacer con ellos si se ofenden cuando los vemos como un bastión negro! La racialización que se ha vivido en Córdoba es una realidad que les tapa los oídos, y los ojos. María Varilla vino al mundo para demostrarnos la importancia de la sugerencia de la ombligada. Los pelayeros no sienten a través de la piel de María Varilla, nos niegan en el mito ¡Qué gusto proporciona al psicoanalista esa mirada de pudor que tienen cuando se les recuerda ese pasado! Ellos recuerdan a quien salió a comprar el primer instrumento metálico, recuerdan incluso donde se inició el primer ensayo musical, y cómo fueron naciendo los porros clásicos como “El Pájaro”. Tienen buena memoria en esa versión del porro palitiao, y no en esa otra versión en la que un negro apretó las clavijas al primer tambor, o un indio resopló en  la primera gaita con fue creada esa inigualable  versión del porro. Nadie los recuerda a ellos, que después de la liberación de la esclavitud se encontraron para construir el espíritu de la hermandad. Sus sentimientos nobles nadie los siente. Los pelayeros, riaños, blancuscos, se regocijan de provenir de una cepa genética de blancos. En Sabanueva, todavía la gente recuerda cuando por primera vez una blanca se atrevió a casarse con un negro.
Cuando bailamos un porro palitiao nos robustecemos con el principio vital en él se contiene. Shangó nos dejó ese legado.  En la cultura Yuruba en Dios Ntu es el espíritu del universo, que no entra en relación personal con los hombres. Las preocupaciones y quejas humanas se las delega a los antepasados transcendentes, cuya fuerza vital haya marcado la vida. Entre estos a Shangó, cuyo culto rejuvenece, ayuda a llevar una vida creciente. La intensidad de su vida arrastra a los hombres. Es venerado por su espíritu de vitalidad. La fuerza de los antepasados fluye hacia los vivos, respondiendo a una necesidad, que en nuestro caso se trató de los rigores de la esclavitud. El bebé negro nacía y no venía ninguna cartica de felicitaciones. No había tarifa mínima de correo. Alguien debía compadecerse de ese nuevo ser. Nuestra vitalidad es un compromiso con los antepasados, somos un acto de fe. Shangó es una lección de vida y de esperanza.

El vitalismo que nos legó Shangó no lo miramos con buenos ojos, lo satanizamos. Es emanación de la magia. No vemos filosofía. Frente a las tribulaciones de la esclavitud optar por la fe en la fuerza no es una exigencia fundamental de la realidad humana. El vitalismo fue el sentido que el negro utilizó para darle sentido a la vida. No había otra.  El vitalismo fue la respuesta existencialista del negro. Se la entregó a la acumulación originaria del capital del capitalismo. No había otra. El vitalismo lo colocó en la “Bozá” pero también en el Fandango, y en la Puya. Electrizar el ambiente con el espíritu fue el rito propiciatorio. Ahora que no nos vengan los pelayeros desconociendo ese pasado, tronchando la historia y dando prevalencia sólo a la llegada de los instrumentos metálicos. No carecemos de un largo pasado histórico, nuestras raíces hunden en más de un rito, en más de una creencia y una relación social. Cueste lo que cueste hay que demostrarle a los pelayeros que tenemos un pasado rico culturalmente, que no provenimos de un vacio, que su etnocentrismo es una pauta repetitiva de colonialismo interno, producto de una estructura socio-económica.

Pasar el porro de Pitos y Tambores al formato de Banda de Viento es un hecho de tanta validez como pasarlo de Banda de Viento a Orquesta, y de Orquesta a Guitarra. No tenemos que quedarnos validando tan sólo el paso del formato a Banda de Viento. Todos los formatos han vivido sus crisis y no les quita que  cada uno tenga  su validez. El fandango y la corraleja de todas maneras le  dan sostenibilidad al porro de plaza. Está vivo, vigente. El de orquesta, que rompió frontera, hoy en día está obsoleto, los cabaret se han extinguidos. El de guitarra, que es de parranda, viene siendo vencido por el acordeón.  Todos cuando suenan con su lenguaje nos abren los sentimientos en el estado más puro, todos nos hacen sostener el espíritu cerca de la belleza sobrenatural.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Un cuento de Serafín Velásquez


DISPUTA TERRITORIAL


Por: Serafín Velásquez Acosta
"Toda la armonía total de este mundo está formada de discordancias."
Lucio Séneca

El loro Celedonio, desde su lugar predilecto, un árbol de almendro sembrado en el jardín de la residencia de cuyos ocupantes era la mascota preferida, desde hacia meses atrás, era testigo de las frecuentes e inútiles peleas que se desarrollaban  entre los perros y gatos, mascotas de los residentes del barrio más popular de la ciudad.
¡Que idiotas son estos animales! -Se decía para si Celedonio- veía con frecuencia como en las reyertas, los gatos  salían con lesiones graves, fracturas de sus miembros e incluso encontraban la muerte. En la última semana, cuatro de ellos murieron de manera  fulminante. Por  el lado de los perros, salían con   laceraciones en su piel,  heridas profundas en la cara y algunos morían  tiempo después, por infecciones bacterianas.
La situación se estaba volviendo tan insostenible que el loro Celedonio, decidió intervenir para poner fin a esa absurda guerra en la que ninguno de los miembros de las dos especies antagónicas podía vivir tranquilo. Por el contrario, los ánimos si iban exacerbando cada vez más e incluso, hasta los dueños se involucraron en discusiones por culpa de sus peloteras escandalosas. Por lo mismo, algunos vecinos cansados de estas grescas sin sentido, estaban considerando la posibilidad de deshacerse de sus respectivas mascotas.
Celedonio, buscando la ocasión  la encontró una mañana de lluvia tenue acompañada por nubes negras que presagiaban un día lúgubre. El perro más viejo, huyendo de la pertinaz lluvia, se refugio debajo del almendro que ocupaba el loro.
Kalimán, -Así llamaban al perro- escúchame, me llaman Celedonio, te hablo desde la rama que está a tu derecha. He observado que tú casi no intervienes en las trifulcas que los demás perros del barrio mantienen con los gatos.
.El perro Kalimán -mirando hacia donde le indicaba el loro, le dice- Es cierto, uno con los años aprende a ser mas tolerante y la verdad es que hoy miro la vida con más respeto, siento que es una tontería perder el tiempo en luchas estériles.  Pero dime: ¿Qué puedo hacer con unos compañeros irascibles  que  por nada se ofenden? Lo mejor es que siga manteniéndome al margen de tales  conflictos.
-Creo que tu deber es hacer algo para que la paz reine entre tus compañeros y los gatos. Todos somos merecedores de vivir en armonía siempre que cada especie cumpla con el papel que la naturaleza le ha asignado -le dice el loro- esperanzado en despertar interés en el tema a  Kalimán
¿No veo cómo? -Contesta Kalimá- reunirlos para buscar una solución es perder el tiempo, sobre todo, porque con tantas heridas que se han causados, los sentimientos de venganzas son tan fuertes que  la situación entre ellos es irreconciliable.
-Pues, yo te tengo una solución -Le responde Celedonio
¿Cuál es esa solución de la que me vas  hablar Celedonio? -No estoy para burlas, bien sabes que entre perros y gatos siempre ha existido una rencilla que lleva siglos
Se trata de lo siguiente Kaliman. Primero dime- ¿Qué es realmente lo que ustedes se disputan?
-El territorio, que es nuestro y que ellos quieren usurpar
-¿Y quién se los ha escriturado a ustedes? -Que yo sepa, jamás nadie han sido dueño de nada. En la naturaleza, el aire, el agua, el suelo, el sol, el paisaje, la vegetación, son patrimonios ambientales que existen para bien de todos los seres vivos, de modo que, ante esta realidad, lo mejor es compartir en armonía lo que la naturaleza nos da  generosamente.
Bueno, nosotros seguimos lo que hemos observado hacen los hombres -responde Kalimán algo enojado-  así como ellos delimitan áreas que escrituran a su nombre, nosotros con nuestros orines, demarcamos nuestros territorios para informar a otros animales que ya estos tienen dueños.
-Y tú no te das cuenta que todo aquello que uno cree que es de uno, en cualquier momento se desmorona, se derrumba, se lo lleva el viento,  casos se han visto. Un terremoto, un ventarrón, una inundación, un incendio, en cuestiones de segundo se lleva lo que el hombre ha construido.  Esta es una verdad incuestionable. Las cosas son para el que las necesita, dice el dicho popular. A lo mejor, el pleito  entre los perros y gatos obedece a que ambos se autodenominan dueños de un mismo territorio, pero no se han puesto de acuerdo para disfrutarlos en tiempos diferentes.
¿Cómo así, Celedonio? -Explícame eso, que me parece interesante- observa Kalimán
-Sencillo,  Kalimán. Normalmente la vida de ustedes es diurna y la de los gatos, nocturna.  Cada uno cumple un papel distinto en la naturaleza,  ustedes los perros, además de servir de compañía al hombre, los adiestran para desarrollar oficios de vigilancia, rastreos y entretenimientos de niños. Los gatos, igual son animales de compañías que en el día no molestan porque se la pasan durmiendo,  pero en las noches  son cazadores de roedores, a los que ustedes les tienen pavor y persiguen también cuando merodea por  su entorno.
-De modo que, solo falta que conversen sobre el tema, se den una tregua y respeten el tiempo que cada uno tiene para disfrutar su territorio. Ustedes los perros en el día  pueden correr sus calles, mear sus límites, revolcarse en la tierra, bañarse de sol, admirar los paisajes y regocijarse con el calor de su hogar  ignorando la presencia dormida de los gatos. Y estos, pueden por las noches, complacerse en el  mismo territorio: recorrer  los tejados, las callejas oscuras, merodear  las canecas de basuras, embelesarse con la luna y cumplir con su función de mantener controlada la población de roedores en el barrio.
¿Qué te parece? -Finaliza Celedonio su disertación.
¡Excelente, excelente!  -Grita Kalimán- dando saltos  de  alegría. ¡Gracias Celedonio!, ¡Muchas gracias! ¡Carajo!   -Porque no se me había ocurrido a mi esta solución.
Porque sólo los que están por fuera del conflicto, pueden ver como se alimenta la hoguera de la discordia y pueden encontrar  las salidas más inteligentes para ponerle fin al litigio. -Responde Celedonio- pavoneándose con sus alas abiertas.
Bien, no espero más. Por algo me trajo el destino a este lugar. -Adiós Celedonio. Te deseo salud y paz        
Igual a ti Kalimán, suerte en tu empresa.